Debido a la ubicación geográfica de los canes existe un riesgo potencial de contagio para especies silvestres como el mono capuchino ecuatoriano.

En julio de 2020 un grupo de científicos y médicos visitaron, debido a un brote de COVID-19, una pequeña comunidad indígena en la Amazonía ecuatoriana compuesta por 47 personas. La comunidad estaba aislada y solo se podía acceder a ella por avioneta. En el sitio habitan tres perros ‘vagabundos’ con características de ferales o asilvestrados que eran cercanos a varios miembros de la comunidad.

Los especialistas al ver que la positividad del virus en humanos fue alta en la comunidad decidieron realizar hisopados orales y nasales a los tres canes que eran machos adultos. Las muestras se procesaron en el laboratorio de la Universidad de las Américas, en Quito. El resultado fue positivo para SARS-CoV-2. Estos datos se revelaron en la revista One Health, el 5 de abril pasado, por los científicos Marlon Zambrano, Byron Freire, Alberto Orlando y Ángel García.

“Esos perros no tenían ningún síntoma respiratorio en el momento en que se recolectaron las muestras, eran perros que vivían en libertad dentro de la comunidad, y los miembros de la comunidad los acariciaban y alimentaban colectivamente. Además, estos perros están en contacto cercano con humanos y otros animales salvajes, ya que participan en las actividades diarias de caza y recolección de alimentos de esta comunidad indígena”, señala la investigación.

El artículo científico asegura que la ubicación geográfica de estos perros “vagabundos” representa un riesgo potencial en términos de salud pública y conservación, ya que hay más de 300 especies de mamíferos en el Ecuador, incluidas varias vulnerables, en peligro de extinción o en peligro crítico que en su mayoría están presentes en la Amazonía ecuatoriana.

Dado que la infección por SARS-CoV-2 se ha descrito en primates y felinos en cautiverio, señalamos en particular el riesgo potencial para el primate capuchino ecuatoriano (Cebus aequatorialis), en peligro crítico de extinción; y las especies felinas de oncilla o más conocidas como tigrillos (Leopardus tigrinus) y jaguar (Panthera onca), vulnerables y casi amenazadas o en peligro crítico”, asegura el estudio.

Esas tres especies están presentes dentro del área donde se encontraron a los perros infectados y podrían verse potencialmente afectadas por la transmisión de SARS-CoV-2 de un perro a animales salvajes que puede suponer un riesgo a su supervivencia.

En la Amazonía de Ecuador habitan especies vulnerables a las que los perros ferales podrían contagiar COVID-19 y otros virus. Foto: Archivo

Alberto Orlando, experto que participó en el estudio y docente de la Universidad Agraria de Guayaquil, indica que por ética profesional no se da la ubicación exacta de la comunidad. Añade que con la investigación quieren exponer el problema del trato no adecuado que le dan los humanos a sus animales de compañía.

En esa comunidad cada persona que empezaba a enfermarse era aislada en una cabaña, una choza que era exclusiva para enfermos. Allí los perros se nos pasaban por los pies, perros de características ferales, ya que entre comillas viven con el humano, pero sus hábitos alimentarios son netamente de cacería. Solo tres perros pudimos muestrear porque son canes sin cadena y son un poco huraños”, afirma.

Perros ferales están al acecho en el Bosque Protector Cerro Blanco y en otras áreas protegidas de la Costa

La cercanía con humanos infectados llevó a que los animales adquieran el virus. Orlando añade que los perros no tenían signos clínicos de COVID-19, es decir, asimilaban bien la enfermedad.

“Este virus está circulando en algunas especies, porque en otros estudios también lo hemos encontrado en gatos, ratas. También hemos visto que el virus no se ha adaptado a estos animales porque la reacción inmune ha sido muy buena. La carga viral en los perros fue baja y era muy complicado que transmitan el virus a otras especies, pero estamos hablando de biología y pueden darse saltos. No sabemos muy bien el comportamiento de este virus y puede pasar cualquier efecto no deseado”, dice.

Estos canes, que fueron abandonados por los humanos y cuyas nuevas camadas nacen en la naturaleza, han sido observados también en la Costa y Sierra. Foto: Archivo

El riesgo de contagiar COVID-19 a especies silvestres es un problema más que se asocia a los perros ferales. Estos canes, que fueron abandonados por los humanos y cuyas nuevas camadas nacen en la naturaleza, han sido observados también en la Costa y Sierra. Atacan a animales de corral de las comunidades, a especies silvestres, según la organización Wildlife Conservation Society Ecuador. Además, estudios científicos han confirmado que transmiten enfermedades como el moquillo o la sarna a especies silvestres. (eluniverso.com)