Charles Cullen es probablemente el mayor asesino en serie de la historia de Estados Unidos. Desde 1988 hasta el 2003 inyectó dosis letales de fármacos alrededor de 400 pacientes. Pasó por varios hospitales sin que nadie se diera cuenta de su demencia. Hasta que una enfermera ayudó a detenerlo.

Nació el 22 de febrero de 1960 en Nueva Jersey. Fue el octavo hijo de un matrimonio común y corriente. No obstante, su infancia se tornó trágica, a tal punto que él la calificó como miserable.

Su padre, quien conducía un transporte escolar, falleció a los 56 años. La familia quedó a la deriva y Charles empezó a deprimirse. Intentó quitarse la vida en al menos 20 ocasiones. La primera vez fue a los nueve años, estaba cansado del bullying de sus compañeros y de los novios de sus hermanas mayores.

Cuando estaba a punto de terminar el colegio, su madre falleció en un accidente de auto. Este hecho lo dejó devastado. Abandonó el colegio y entró en la armada norteamericana.

Culminó el curso con éxito, pero sus problemas psíquicos afloraron. Una vez lo encontraron en la sala de control de los misiles con una máscara quirúrgica, guantes de látex y un delantal médico, según recoge un informe de Infobae.

Esta y otras señales hicieron que pronto lo diera de baja. Fue entonces, cuando entró a una escuela de enfermería, donde empezó a maquinar sus crímenes. Lo raro es que en aquella institución nadie se dio cuenta de que el sujeto no estaba capacitado para tratar enfermos. Alguien que no quería vivir iba a ocuparse de otros.

Charles también tenía problemas de drogas y alcohol, lo que lo hacía cometer actos contra su vida, como clavarse tijeras en la cabeza. El Clarín reporta que metía mascotas en la basura, vertía líquido para encendedores en bebidas ajenas y violentaba a su esposa Adrianne, con quien tuvo dos hijas, a las que no pasaba la manutención.

‘EL ÁNGEL DE LA MUERTE’

Pasó por alrededor de 9 hospitales en distintos lugares, pero su zona preferida era Nueva Jersey y Pensilvania. Solía inyectar sobredosis de medicamentos pesados, como digoxina o insulina, que los pacientes no necesitaban.

John Yendo, un juez que se presentó en el hospital St. Barnabas por una reacción alérgica a un fármaco, fue su primera víctima en 1988. Charles le suministró una sobredosis letal de medicación intravenosa.

Lo mismo ocurrió con otros pacientes. Además, entraba y salía de habitaciones en las que no debía estar, solicitaba fármacos sin receta y botaba algunos medicamentos sin usar.

Pronto fue despedido, pero Charles siempre encontraba un trabajo nuevo porque en ese tiempo había escasez de enfermeros en Estados Unidos.

La leyenda urbana dice que en 1998, un médico forense, que examinó a un hombre fallecido por una sobredosis, comenzó a sospechar de que algo raro sucedía en el centro médico de Pensilvania. Este sujeto decía que en ese hospital había “un ángel de la muerte”.

ONCE CADENAS PERPETUAS

Según reportes de medios internacionales, los hospitales donde trabajó Charles no lo denunciaban porque tenían miedo a que también salgan perjudicados. Solo una vez, un grupo de enfermeros lo acusaron, pero por falta de pruebas no pudieron hacer nada contra él.

A mediados del 2003, las autoridades sanitarias iniciaron una investigación, tras la alerta que emitió el Sistema de Educación e Información sobre Envenenamientos de Nueva Jersey. Advirtieron que un empleado del Somerset Medical Center habría provocado la muerte de cuatro pacientes por sobredosis.

Lejos de detenerse, el sujeto siguió matando a más gente. Todo terminó el 2 de marzo de 2006, cuando el enfermero asesino fue sentenciado a once cadenas perpetuas consecutivas y lo consideraron inelegible para el beneficio de la libertad condicional durante 397 años, según reporta el Clarín.

En el juicio, un juez le preguntó por qué mataba a tanta gente, el sujeto respondió: ​“Para ponerle fin a sus sufrimientos”.

Actualmente, cumple prisión en una cárcel de Nueva Jersey. Su caso provocó la promulgación de una ley, que obliga a los centros médicos a reportar errores en los tratamientos de los pacientes y ser más rigurosos en la contratación de personal.

SU AMIGA LO DELATÓ

La historia de Charles Cullen se ha vuelto popular en los últimos días, luego de que Netflix estrenara la película ‘El Ángel de la Muerte’. El filme se centra en la historia de la enfermera Amy Loughren, quien ayudó a detener al sujeto.

Los dos habían formado una estrecha amistad en el Somerset Medical Center, a principios de los 2000. Cullen le ayudaba a cuidar a sus hijas, era su confidente y la cubría cuando tenía problemas de salud por su enfermedad cardíaca.

En medio de la investigación, la Policía le pidió que los ayudara a encontrar pruebas contra él. Es así que Amy cumplió un papel crucial en la extracción de la confesión de Cullen. Sin embargo, esto le trajo problemas en su salud.

«Luché contra la culpa de extrañarlo. Luché con la culpa de no ver que esa amistad también tenía un monstruoso lado oscuro«, dijo la mujer, según cita BBC Mundo.

Aparte de la película, el 11 de noviembre también estará disponible en Netflix el documental ‘Capturing The Killer Nurse’, basado en la misma historia.